Cobrar en línea no es poner un botón. Es decidir qué pasa cuando el pago falla, cuando hay que devolver, cuando la tarjeta vence y cuando alguien desconoce el cargo. Eso es ingeniería, y es lo que hacemos.
Cada una cambia cómo se comporta tu operación, no solo la pantalla de pago.
Débito, crédito, prepago y transferencia. Es el caso simple, y el único donde basta con "que funcione el botón".
Aquí está la confusión más cara del comercio chileno, así que vale la pena decirlo derecho: "sin interés" no significa sin costo, significa que alguien lo absorbe. Ese alguien es el emisor de la tarjeta o tu propio negocio, según cómo esté pactado, y la diferencia se nota en tu margen, no en la pantalla. El "precio contado en cuotas" es lenguaje comercial, no una categoría legal. Y no existe ninguna norma que fije un máximo de cuotas: el tope es una decisión comercial.
El cliente autoriza una vez y después se cobra solo, mes a mes. Lo que hay que construir bien no es el primer cobro sino todo lo demás: qué pasa cuando el cobro falla, cuándo se reintenta, qué le llega al cliente, y cómo se cancela. La ley chilena es explícita en que cancelar no puede ser más difícil que contratar, y que no se puede condicionar la baja al pago de deudas.
La parte que casi nadie diseña y la que más reclamos genera. En venta a distancia el cliente tiene derecho a retractarse dentro de 10 días, y ese plazo se extiende a 90 si nunca le enviaste la confirmación escrita de la compra. La devolución va sin retención de gastos. Si tu sistema no contempla esto, lo vas a resolver a mano y a pérdida.
Cuando revisamos lo que los comerciantes chilenos escriben por voluntad propia, casi nadie pregunta en cuántos días le depositan. Lo que escriben es otra cosa: que les retuvieron la plata y nadie les contesta, que les cobraron comisión e IVA por un producto que terminaron devolviendo, que el estado del pedido cambia solo y les descuadra el stock.
Son problemas de control y de trazabilidad, no de calendario. Y se resuelven en el sistema: registrando cada evento de pago, conciliando contra lo que efectivamente llegó a tu cuenta, y avisándote cuando algo no cuadra en vez de que lo descubras semanas después.
La pregunta más frecuente y peor respondida del mercado es si se puede cobrar sin mandar al cliente a otra página. Importa por dos razones: cada salto agrega una pantalla donde la gente abandona, y en el celular ese salto se siente como perder el hilo. Diseñamos el cobro para que ocurra dentro de tu sitio siempre que la modalidad elegida lo permita, y cuando no lo permite, te lo decimos antes y no después.
Conviene saberlo ahora y no a mitad del proyecto. Dos cosas se confunden siempre, así que las separamos.
Inicio de actividades ante el SII y emisión de boleta electrónica. Un dato que sorprende a mucha gente: no necesitas constituir una empresa, una persona natural puede iniciar actividades con su propio RUT.
Requisitos de seguridad del sitio, coincidencia entre el giro declarado y lo que vendes, y una cuenta bancaria a nombre del mismo RUT. Estas condiciones no son ley: son del contrato, cambian entre proveedores, y son la causa habitual de que alguien pueda vender pero no cobrar.
Informar el precio total desglosado, confirmar la compra por escrito, y publicar de forma accesible las condiciones y el derecho a retracto antes de contratar. Esto no es letra chica: es exactamente lo que se fiscaliza.
Si hoy mandas datos de transferencia por WhatsApp y confirmas a mano, cada venta te cuesta tiempo y cada error te cuesta un cliente.
Gimnasios, colegios, software, mantenciones, membresías. El cobro recurrente cambia tu flujo de caja, y por lo mismo hay que construirlo para que no se caiga en silencio.
Si ya tienes una plataforma andando, integramos el cobro donde corresponde y nos quedamos operándolo, con la misma política de salida del resto de nuestros servicios.
La primera conversación es de negocio: qué vendes, cómo te pagan hoy, qué parte haces a mano y qué se te ha caído. Con eso te decimos con honestidad qué conviene construir y qué no.
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