En casi toda empresa hay una persona que abre un documento, lee un número y lo escribe en otro lado. Ese trabajo lo puede hacer un sistema, todos los días, sin cansarse ni distraerse en el campo 40.
Somos una empresa de ingeniería de software: esta es una pieza que ya construimos y que podemos adaptar a tu operación, con pruebas, despliegue y operación incluidos.
Tomamos los documentos que tu operación ya recibe y sacamos de ellos los datos que necesitas, con la estructura que tu sistema espera.
Donde tu operación lo necesita: tu ERP, tu sistema contable, una planilla que se actualiza sola, una base de datos o tu correo cada mañana. La forma la define tu proceso.
Cualquiera puede decir que su IA es precisa. Nosotros publicamos el número, cómo lo obtuvimos y sobre qué se midió, porque es lo único que distingue un piloto entretenido de un sistema en el que puedes confiar.
Tomamos 14 documentos reales de un cliente, definimos a mano cuál era el valor correcto de cada campo, y comparamos contra eso la salida del sistema. Los 232 campos coincidieron. Es una medición sobre una muestra acotada y fechada, no una promesa universal: cuando el conjunto crezca o el número baje, se actualiza aquí.
El sistema que produjo ese resultado está en marcha blanca con un cliente del rubro de seguros.
Las objeciones que siguen son las que aparecen de verdad cuando alguien evalúa un proyecto así. Las respondemos antes de que tengas que preguntarlas.
Es la objeción correcta, y por eso el sistema entrega el dato junto a su origen: de qué documento y de qué parte salió cada campo. Los campos donde el modelo no está seguro se marcan para revisión humana en vez de pasar callados. Un sistema que se equivoca y avisa es utilizable; uno que se equivoca en silencio, no.
A la infraestructura que definamos contigo, con los accesos registrados y auditables. Te decimos por escrito qué servicio procesa qué, dónde queda cada dato y por cuánto tiempo. Si terminas el servicio, se eliminan y te lo confirmamos.
Es lo más común que escuchamos. Por eso partimos midiendo el proceso actual antes de escribir código: cuántos documentos son, cuánto demora hoy, dónde se equivoca la persona. Sin esa línea base no hay forma de saber si el sistema sirvió, y un proyecto que no se puede evaluar es un proyecto que se abandona.
Es la condición normal, no un impedimento. Los formatos irregulares son precisamente lo que hace caro el trabajo manual y lo que un modelo de lenguaje maneja mejor que una plantilla rígida. Lo que sí necesitamos son ejemplos reales, con sus casos raros incluidos.
Reemplaza el tecleo, no el criterio. La persona que hoy digita pasa a revisar las excepciones, que es donde su experiencia vale. Si tu objetivo es reducir personal, hay proveedores que te lo van a prometer; nosotros medimos horas liberadas y te mostramos el número.
Qué documento llega, quién lo abre, qué hace con él y cuánto tiempo se va en eso. Con eso te decimos con honestidad si un sistema se justifica o si te conviene arreglar el proceso primero.
Con una muestra tuya construimos un conjunto de prueba, definimos el valor correcto de cada campo y medimos. El número que salga de ahí es el que decide si seguimos.
Construimos software y nos quedamos operándolo, con la misma política de salida del resto de nuestros servicios: el código, los datos y los accesos son tuyos.
El proyecto se cotiza después del paso 2, cuando ya existe un número medido sobre tus propios documentos y sabemos de qué tamaño es el trabajo.
La conversación más útil parte con un caso concreto: el documento que hoy alguien abre a mano y el dato que se saca de él. Treinta minutos alcanzan para saber si esto te sirve.
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